El primer medio maratón de Carlota

Cuando hace nueve meses se me metió en la cabeza que quería correr una media maratón, ni me imaginé que sería la XXV Media Maratón de La Rioja, que formaría parte de los Beer Runners y mucho menos que me lo pasaría tan bien como lo pasé.

No os aburro con los meses anteriores… pero mayo pasó volando y cada día que caía mis nervios iban en aumento. Tenía muy claro que si la tirada, que íbamos a hacer unos quince días antes, de 17K no salía bien, vendía el dorsal. Una cosa es ir a terminar (mi principal objetivo) y otra acabar arrastrándote como una lagartija naranja por las calles de Logroño.

Luego vino el maravilloso mundo de los geles, hidrogeles, gominolas y demás… ¡Cuánta complicación! Ya me habían avisado que hay que probarlos antes porque son muy dados a que te dejen el estómago con ganas de hacerse él solo la Media. Así que el último mes hice un cursillo avanzado, porque además de sus efectos secundarios habituales, si eres intolerante a algún alimento puedes llevarte una sorpresa nada agradable… ¡Nunca he leído tanta etiqueta! Al final las gominolas, tipo los caramelos blanditos de cuando éramos pequeños, fueron las elegidas.

Por supuesto otra de las cosas que tenía que hacer durante este tiempo era una prueba de esfuerzo, ¡chicos no os dejéis esto! Anda que no salen cosas que no esperas!, susto, no susto… todo Ok… ¡puedes correr! Más nervios…

Dos semanas antes estaba insoportable, me veía muriéndome en medio de Avda. Lobete, salir corriendo llamando a mi mamá o cualquier cosa que se os pase por la cabeza. No había quedada con los Beer que no me dijeran: “tranquila, respira, que no es para tanto, ya verás cómo lo haces bien”… nada, cuántos más ánimos más catástrofes me imaginaba.

Siguiendo los consejos de alguien que lleva casi una veintena Medias en sus piernas, la noche anterior dejé todo preparado, no fuera que los nervios me pasaran factura, me dejara las zapatillas y saliese a correr en pantunflas, y pronto a la cama, lo de dormir ya era otra cosa más complicada. ¿Os he dicho ya que estaba nerviosa?

Domingo por la mañana, más mensajes de ánimo y más ganas de correr, pero en sentido contrario a la salida. Nos plantamos en la foto oficial y ver tanto naranja suelto, ayuda. Otra vez achuchones quita nervios, muchos deseos de suerte, aguantar las lágrimas y escuchar los últimos consejos: “bebe siempre, no te dejes llevar por el resto, a tu ritmo y disfrútala”. Ya sólo quedaba colocarme al final de los participantes, total no iba a tiempo y mejor evitar que me “arrastrase la marea”.

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Pensando que iría sola pedí a mis amigos de Facebook que me dijeran música para llevar, pero aunque se lo curraron mucho y me dieron recomendaciones como para hacer un ultra, no fui sola ni un segundo, y es que Juan decidió que ese día mi Media era la suya y se pegó a mí. Creo, que sobre las 10 se oyó un cohete, y digo creo porque yo no oí nada por culpa de los nervios.

Empezamos a correr y hubiera jurado que eso lo había hecho toda la vida, ni asomo de la temblequera de unos minutos antes. Pasan los metros y fan zone por todos los lados, sacando fotos, agitando las banderas y dejándose la garganta animando, por si no os ha tocado nunca, ¡esta gente es muy grande!

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Poco a poco fuimos dejando atrás kilómetros, con calma, sin prisa. La primera está para disfrutarla, como todas las que vengan después, pero sin duda ésta tenía que quedarse en mi cabeza.

Corrimos animando a la gente que estaba viéndonos, mención especial al señor que estando en la estación de trenes y me gritó que corriese y no mirase el reloj (¡qué razón llevaba!), chocando los cinco a todos los peques que lo pedían y riéndonos como si estuviéramos de cañas. Iba tan a gusto que hasta se me olvidó la pauta que llevaba marcada para comer las gominolas.

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Al final, cuando ves a tu gente que se ha vuelto a recogerte para llegar contigo te das cuenta de lo cerca que lo tienes, que te queda menos que nada para ser finisher y que ya solo queda “tirar, tirar y tirar… hasta el final”.

Pero si ver a tus chicos volver, tras haber terminado, es emocionante, darte cuenta que el resto de tus compañeros está esperándote montando una “barricada naranja” en meta es acojonante (y perdón por la palabra pero es que no se me ocurre ninguna otra). Cuando enfilamos la llegada un señor nos gritó “¡Vosotros sí que sois grandes!” y fue el subidón último para el sprint final. Entramos en 2:20:00, tiempo más que digno, y creo que nunca me han dado tantos abrazos y tantas enhorabuenas como ese día… Estuve 24 horas en una nube y creo que aún no he bajado del todo a la tierra.

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Ahora ya solo me queda dar las gracias, a todos los Beer Runners por ser como son, muy grandes. A mis animadores particulares que se lo curraron mucho y cada vez que veían una mancha naranja gritaban más alto y sacaban más fotos. Pero sobre todo, en especial a Juan, sin él todo hubiera sido más aburrido y mucho más largo, eres parte de mi familia que lo sepas, y a Emilio, porque gracias él no vendí mi dorsal y disfruté, GRACIAS.

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Y tras esta parrafada ¿Para cuándo otra? ¡Al lío!

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